Nace en Huesca (España) y muere en Valencia (España) en el 304.Vicente era reconocido corno un gran orador. San Valerio, el anciano obispo de Zaragoza que empezaba a tartamudear, le ordenó diácono a fin de que le reemplazase en el ministerio de la predicación. Arrestados ambos, fueron conducidos a Valencia y obligados a comparecer ante el gobernador Daciano. Este empezó interrogando a Valerio en medio de muy severas amenazas. El anciano balbuceó unas pocas palabras y se calló. El gobernador creyó haber salido triunfante e interpretó el silencio como el comienzo de una apostasía.
Pero entonces interviene Vicente que, con su elocuencia habitual y los ánimos de su maestro, deja sentado que nada podrá jamás pervertir su fe en Cristo ni su fidelidad a Él. Esta afirmación exaspera de tal forma a Daciano que por un momento olvida al obispo y ordena someter al diácono a la tortura. Vicente apenas se inmuta. Daciano manda que le levanten la carne con garfios y que le quemen a fuego lento. No hay nada que hacer. El suplicio le afirma en su fe y le llena de felicidad.
El gobernador pensaba que el santo acabaría por dar muestras de debilidad y que, en caso contrario, moriría en medio de dolores atroces. También se equivocó en esto; la victima rezó y cantó salmos hasta el final; y en medio de una alegría espiritual inmensa exhaló su último suspiro.
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